Lo confieso. Lo que me motivó a leer El Síndrome E fue el hecho de que la trama gira en torno a una película asesina. No puedo evitarlo, me acordé de The ring y de todas esas películas y novelas de terror tecnológico japonés que tanto me gustan. En realidad, la película no mata: simplemente deja ciega a una persona. "¡Bien!, pensé al avanzar en la lectura, no hay ninguna Sadako saliendo de una superficie reflectante (en la novela, en la peli está más limitada a pantallas la pobre Sadako) para acabar con aquellos que no han contribuido a su difusión, pero una película de los años 50 en 16 mm. que deja ciega a una persona (más o menos) no está mal, tampoco". Lo que tiene la cinta son imágenes subliminales dentro de imágenes subliminales y película dentro de película con unas imágenes perturbadoras y eso ya me suena a Científico-loco fiel heredero moral del Dr. Moreau y creador, como él, de monstruos en la Isla que puede llegar a ser un psiquiátrico. Bueno, si además tenemos en cuenta que todo esto tiene que tener algo que ver con cinco hombres salvajemente asesinados, enucleados y sin cerebro algo nos hace sospechar de la existencia de teorías conspiratorias. Sobre todo cuando descubrimos que tres adolescentes egipcias fueron asesinadas de forma similar en El Cairo a mediados de los noventa. Por suerte (ODIO LAS TEORÍAS CONSPIRATORIAS), ese elemento es poco abundante, aunque no hay Experimento Poco Ético si no está la CIA por medio.
Es una novela policíaca, así que hay que detener a los asesinos de los cinco desconocidos y también, a quien o quienes van asesinando a todos aquellos que alguna vez pusieron un dedito sobre la película. Y para ello, Franck Thilliez, el autor, encarga la investigación a Sharko, un profiler esquizofrénico y torturado y a una policía (Henebelle) que se dirige rápidamente al lado oscuro de su profesión: a la zona donde los polis malditos luchan con las cicatrices y los fantasmas que las miserias humanas han dejado en su alma.
La he estado leyendo con mucha atención y (a pesar de la CIA) he seguido la historia con gran interés. No me ha quedado claro de dónde viene la E del nombre del síndrome, pero algo debe quedar en el tintero, ¿no? Es lo que tienen estos nuevos autores franceses, que plantean tramas que llaman la atención o crímenes extraños (como los de Fred Vargas o Dominique Sylvain) y que obligan a leer desde la primera a la última página. Sin embargo, no me ha gustado nada el epílogo. No aporta nada a la historia y tiene un tufo a reclamo para leer la siguiente novela de la serie (Gataca) que aún no he leído. Pero que leeré quizá el mes que viene.
Editorial Destino ha publicado El Síndrome E y Gataca, ambas muy próximas en el tiempo, de forma que es fácil leer las dos sin tener que esperar demoras largas (y con un diseño de cubiertas muy muy similar al de Los hombres que no amaban a las mujeres y sus secuelas). Además, Edhasa publicó, hace unos años, una novela previa al Síndrome llamada El ángel rojo. Muy entretenida, se pueden disfrutar buenos momentos con ésta que reseño. De las otras, aún no se nada porque no las he leído todavía.





